El profesor Humberto Maturana, el premio Nobel que Chile se perdió, definía a la ética como el compromiso que uno tiene de conducirse de una manera de no dañar a otros ni a sí mismo, ni al mundo en que vive.
Una forma sencilla de describir la actitud que debería caracterizarnos en nuestra relación frente al entorno y a los habitantes de la tierra. Además, agregaba Maturana, la reflexión es un proceso de conocer cómo conocemos, es el acto de volverse sobre nosotros mismos, es la oportunidad de conocer nuestras cegueras.
En tiempos de crisis, como los que vivimos, es saludable para la mente, para quienes entiendan, leer a Maturana. La política que tanto nos agobia, día con día, tiene una buena base en este pensador para entender que hay un estado–nación ávido de soluciones concertadas y nada de arrogancia en sus acciones.
Contrario sensu, ha surgido en los últimos años una corriente política, nacida en las aulas universitarias, sin mayor relación con la realidad de un país que algún día espera ser desarrollado, pero que no logra encontrar el camino.
Aunque las experiencias de otros estados están a la vista y se pueden emular gratuitamente, estos revolucionarios, la ética que los mueve se podría decir, es una apología a Voltaire y su écrasez l’infâme, la única defensa contra el mal, que extendiéndose poco a poco, dulcifica las costumbres de los hombres y previene los efectos del mal, decía Voltaire, algo que solo se consigue aplastando al infame, el insoportable rival.
Para lograr este objetivo se requiere una abundante cuota de arrogancia sostener que la razón tiene un solo lado, sin duda un método rápido y efectivo para lograr gobiernos autoritarios, que frecuentemente terminan por imponer la razón de la fuerza, de lo cual el sistema internacional cuenta con abundantes casos.
No hay duda que todos estos elementos describen el comportamiento de los jóvenes en cuestión que, con sus abundantes y expresivos errores y contradicciones, han puesto a nuestro país en una encrucijada, digamos Camporista o incluso Masista, cuyas consecuencias la están viviendo nuestros vecinos luego de un extenso período de estas seudo ideologías.
El kichnerismo utilizando esta metodología, obtuvo interesantes resultados consiguiendo una enorme masa vulnerable frente a una cúpula corrupta y mafiosa que se enriqueció y convirtió a Argentina en una suerte de “democracia zarista”, que aún pretende exportar al resto de la región. Si el corporativismo afectó seriamente a la sociedad argentina, el kichnerismo dejó cenizas.
Además, la bizarra alianza de estos jóvenes, con quienes sostienen que Venezuela es una democracia es, sin duda, una alerta que no podemos soslayar.
El Rector Carlos Peña señala que la democracia es la forma de gobierno en que las personas se comprometen a tolerarse a sí mismas a sabiendas que se encuentran divididos por puntos de vista diferentes a la hora de decidir cómo vivir, qué valoran y qué consideran sagrado.
Nuestro municipio y el estado–nación de Chile, tiene este fin de semana un desafío, optar por la democracia abierta, participativa y solidaria o correr el riesgo de contagiarnos con el sindrome del padre Gatica.
Ojalá podamos darle una vuelta a esto antes de poner la raya en el papel.
La historia es solo gente nueva que comete viejos errores. Sigmund Freud
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